El pasado jueves 14 de octubre celebramos las IV Jornadas de Antropología de la Vida Animal, Grupo de Estudios de Etnozoología, tituladas «Pandemia y animales no-humanos, tentacularidades (in)visibles», en el Institut d’Estudis Catalans. Durante el evento, 7 integrantes del grupo presentamos brevemente nuestras investigaciones con relación al especismo en el contexto de la pandemia de COVID-19. Como clausura, María González Sola, responsable del Santuario la Vida Color Frambuesa, nos explicó su experiencia a cargo del santuario durante esta pandemia.

A continuación podéis ver el evento en diferido y os dejamos un pequeño resumen a continuación.

En primer lugar, Mara Martínez Morant, coordinadora de Antropología de la Vida Animal, Grupo de Estudios de Etnozoología, presentó al grupo y, seguidamente, su investigación «Pandemia sine fine: el especismo». En ella explicó el concepto de especismo y como este sesgo impide al ser humano conectar la explotación animal con sus consecuencias, como pueden ser el origen de la pandemia de COVID-19 o la catástrofe climática actual. A partir del decrecimiento y el rewilding, Mara invitó a reimaginar y rediseñar los modelos relacionales que establecemos con otros animales.

En segundo lugar, Maria Suñol expuso su trabajo «Especismo en pandemia: el caso de los visones americanos en Europa», en el que habló de los brotes de COVID-19 en explotaciones peleteras de Europa en las que se crían visones americanos, así como de los factores que facilitaron la transmisión entre visones y los discursos que se articularon en torno a la gestión de estos brotes, que culminó con el exterminio de millones de individuos.  

En tercer lugar, Adrià Voltes presentó su investigación «El reto del antropocentrismo en las aulas», en la que expuso la visión sesgada de los otros animales que se enseña en las aulas, así como la necesidad de incluir aproximaciones educativas que consideren los derechos animales. Explicó, también, las tensiones que podrían surgir en el marco de la ley “LOMLOE” entre la educación ambiental y la educación basada en la empatía y el respeto hacia los otros animales, así como formas de superar dichas tensiones. 

En cuarto lugar, Àlex González Segura presentó su trabajo «Costes, beneficios y violencias en investigación biomédica: normalidad y emergencia sanitaria», en el que analizó el uso de animales en la investigación biomédica desde la perspectiva ética, tanto en el panorama actual más amplio como en la situación excepcional de emergencia sanitaria ocasionada por esta pandemia. Asimismo, cuestionó la efectividad de los modelos animales y propuso alternativas existentes que respetan a los otros animales.

En quinto lugar, Surama Lázaro expuso su investigación  «Desdibujando los límites de la vulnerabilidad y la solidaridad en las relaciones humano-animal», en la que, a partir del concepto de indistinción, cuestionó el hecho de situar únicamente al humano en el centro de la vulnerabilidad en tiempos de COVID-19, así como las propuestas solidarias de apoyo a los más vulnerables que pasan por la explotación y muerte de animales no-humanos. En este marco, expuso las razones por las que se excluye la vulnerabilidad animal y mostró iniciativas solidarias que no vulneran los derechos de los otros animales. 

En sexto lugar, Lorena Campo explicó su investigación «Interacciones afectivas de no humanos en tiempos de pandemia», en la que, uniendo la perspectiva de la psiquiatría y de la antropología, comparó la sintomatología ansiosa y depresiva que han experimentado humanos y perros en España y Ecuador a raíz de las restricciones de movilidad impuestas durante la pandemia de COVID-19. 

En séptimo lugar, Sara Lasunción presentó su trabajo «Cuestionando el mito cultural de la caza en pandemia», en el que cuestionó el trato privilegiado que obtuvieron los cazadores en el confinamiento, durante el cual pudieron seguir saliendo a cazar y rebatió los argumentos antropocentristas que pretenden mostrar la caza como una práctica deportiva, ancestral y necesaria para la regulación de ecosistemas. 

Finalmente, María González Sola, responsable del Santuario la Vida Color Frambuesa, explicó las dificultades que atravesaron las cuidadoras que dedican su vida a rescatar y acoger a animales no humanos en santuarios durante la pandemia de COVID-19. Estas dificultades no fueron únicamente materiales. Cuestiones como, por ejemplo, el desamparo legal bajo el que se encuentran los santuarios complicaron el desempeño de actividades usuales durante las restricciones de movilidad. Además, las cuidadoras vivieron esta situación con especial miedo y preocupación, ante la idea de contagiarse y no poder cuidar a los animales del santuario.