Comprender que los otros animales también tienen afectos nos pone en la encrucijada de tener que revisar de raíz la relación que establecemos con ellos, ya que muchas de nuestras prácticas cotidianas se sustentan sobre el sufrimiento y la instrumentalización de estos individuos. En relación a esta cuestión, el objetivo de esta artículo es el de poner en común dos estudios científicos recientes sobre estados afectivos en animales no humanos.

En los últimos dos meses se han publicado dos estudios que nos desvelan información significativa sobre la sintiencia en una especie de pez cíclido y en el cuervo de Nueva Caledonia. ¿Qué tienen en común estos estudios? Ambos fueron realizados mediante el mismo paradigma experimental, el denominado test del sesgo cognitivo. El test del sesgo cognitivo consiste en medir cómo los procesos cognitivos (por ejemplo, una toma de decisiones) se ven afectados por los estados emocionales. Los animales, humanos o no, nos relacionamos con un estímulo abierto a interpretación (estímulo ambiguo) de manera diferente en función de nuestro estado afectivo. En este sentido, el test del sesgo cognitivo mide cómo los individuos responden a un estímulo ambiguo para inferir el estado afectivo en el que se encuentran. Aquellos individuos que se encuentren en un estado positivo interpretarán el estímulo ambiguo de manera más positiva que aquellos individuos que se encuentren en un estado negativo. En otras palabras, los individuos en un estado emocional positivo actuarán de manera optimista, mientras que los que se encuentren en un estado negativo actuarán de manera pesimista.

El cíclido Amatitlania siquia es un pez monógamo que forma parejas de larga duración caracterizadas por ser altamente cooperativas durante los cuidados parentales. El objetivo de una investigación realizada en la Universidad de Borgoña fue el de evaluar de manera objetiva los estados afectivos en estos peces mediante el uso del paradigma del sesgo cognitivo. Este estudio determinó que las hembras mostraban un sesgo pesimista cuando eran emparejadas con machos de menor preferencia, lo que indica un estado afectivo negativo. En cambio, las hembras emparejadas con el macho de preferencia no exhibían este estado afectivo. Tal y como afirma el equipo científico en el artículo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B:

“Nuestros resultados ponen de manifiesto que la influencia de la unión de la pareja sobre los estados afectivos no es específica de humanos”.

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Imagen 1. Amatitlania es un pequeño género de cíclidos de América central. La imagen corresponde a un individuo de la especie Amatitlania nigrofasciata.

¿Cómo caracterizaron experimentalmente el sesgo pesimista? El grupo de investigación entrenó a las hembras para que pudieran reconocer la diferencia entre una caja que contenía comida y otra caja que estaba vacía. Una vez las hembras habían aprendido a distinguir entre estas dos cajas, el equipo de investigación añadió el estímulo ambiguo del que hablábamos más arriba, en este caso, una nueva caja que requería ser inspeccionada para poder determinar si contenía comida o si, por el contrario, estaba vacía. ¿Cuál fue el resultado? Cuando las hembras estaban en presencia de su pareja de preferencia, manifestaban mucho más interés por inspeccionar la nueva caja que cuando estaban en presencia del macho rechazado. La conclusión a la que llega al estudio es que las hembras presentan un sesgo pesimista, es decir, experimentan emociones negativas, cuando se ven obligadas a convivir con un macho que no es el de su preferencia.

Veamos ahora qué resultados arroja el estudio que ha aplicado el paradigma del sesgo cognitivo en el cuervo de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides). Este segundo estudio consistió en entrenar a 15 cuervos salvajes para que reconocieran que cuando una caja estaba localizada en un extremo determinado de una mesa, dicha caja contenía una recompensa, pero cuando la caja estaba localizada en el extremo opuesto de la mesa, la recompensa era mayor.  Se observó, tal y como era esperable, que los cuervos se movían más rápidamente hacia la caja que contenía la recompensa más grande. Como en el caso de las hembras del pez Amatitlania siquia, tras esta fase de aprendizaje, el personal investigador incorporó el estímulo ambiguo, en este caso, una nueva caja situada en una posición intermedia entre ambos extremos de la mesa.

En el estudio con las hembras de cíclido, se comparaba el interés por inspeccionar el estímulo ambiguo (la caja para la que el pez desconocía si contenía recompensa o no) entre hembras que estaban con su pareja de preferencia y hembras que habían sido obligadas a estar con la pareja que no querían. En el caso de los cuervos de Nueva Caledonia, se comparó la velocidad con la que el cuervo iba a inspeccionar el estímulo ambiguo (la caja en la localización intermedia entre dos recompensas de diferente valor) entre cuervos que habían usado herramientas para conseguir comida y cuervos que no habían usado herramientas recientemente. El resultado del estudio fue que los individuos del primer grupo se movían más rápidamente hacia la caja ambigua, indicando una actitud más positiva que los individuos que no habían usado herramientas.

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Imagen 2. Cuervo común (Corvus corax).

Esta investigación sugiere que los cuervos de Nueva Caledonia se encontrarían optimistas después de usar herramientas, lo que indicaría un estado de tipo emocional positivo. Es decir, la realización de una tarea compleja mejoraría su estado emocional. En el artículo, publicado en la revista Current Biology, encontramos la siguiente afirmación:

“Los cuervos parecen disfrutar, o estar intrínsecamente motivados, por el uso de herramientas”.

Estos dos estudios nos recuerdan, una vez más, que los afectos no son patrimonio de la humanidad. Los otros animales son sujetos poseedores de estados afectivos que pueden tener un valor positivo y negativo y, en consecuencia, sus vidas pueden verse beneficiadas y perjudicadas. De la realidad de la sintiencia animal se deriva la responsabilidad de hacer estallar la burbuja antropocéntrica, para así poder incluir a los otros animales en nuestra esfera moral y política.

Fuentes:

Laubu, C., Louâpre, P. and Dechaume-Moncharmont, F.-X. (2019) ‘Pair-bonding influences affective state in a monogamous fish species’, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 286(1904), p. 20190760. http://doi.org/10.1098/rspb.2019.0760

McCoy, D. E. et al. (2019) ‘New Caledonian Crows Behave Optimistically after Using Tools’, Current Biology. https://doi.org/10.1016/j.cub.2019.06.080