La sintiencia es el criterio de consideración moral y política. Si un individuo puede experimentar afectos positivos y negativos, dicho individuo presenta intereses sobre los acontecimientos que suceden en su vida. En consecuencia, dicho individuo debe ser incluido en nuestra esfera de consideración moral y política. Los peces, así como muchos otros organismos marinos, son capturados a toneladas y sus cadáveres servidos en nuestros platos. Además, industrias del entretenimiento y del mascotismo los capturan y/o crían para instrumentalizarlos de distintos modos. Hoy la evidencia es contundente, los peces son individuos sintientes que, entre otros afectos, tienen la capacidad de experimentar dolor. A continuación, se mencionan buena parte de los estudios que han empujado a la comunidad científica a reconocer la realidad de la sintiencia en peces.

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En 2018 un grupo de diez especialistas en comportamiento de peces publicaron un artículo en la revista Animal Sentience posicionándose con relación a la posibilidad de la capacidad sintiente de estos vertebrados:

“Recent advances in our understanding of the complexity of their behaviour, physiology and neurobiology have suggested that fish and other aquatic species are far from being just reflexive automata (Sneddon et al 2018)”.

En dicho artículo, los autores reflejan estudios sobre cognición en peces que desvelan datos como la capacidad de las larvas de pez cebra de reconocer individuos emparentados (Gerlach et al 2008) o la capacidad de determinados peces de distinguir su propio olor de la de otros, lo que sugiere que podrían tener la capacidad de reconocerse a sí mismos (Thunken et al 2009). Sneddon et al (2018) también dejan constancia, entre otras observaciones y datos, de los comportamientos autodirigidos que realizan las mantarrayas delante de un espejo (Ari y D’Agostino 2016).

Lynne Sneddon, la primera autora de este artículo polifónico y una de las investigadoras más reconocidas en el ámbito del estudio de la capacidad sintiente en peces, publicó recientemente en la revista Philosophical Transactions una revisión sistemática de los datos sobre nocicepción* y percepción del dolor en peces (Sneddon 2019). En esta revisión, Sneddon recopila estudios que analizan el impacto que presenta sobre el comportamiento de los peces la potencial experiencia del dolor. Estos estudios demuestran que, por ejemplo, las truchas pueden llegar a suspender la búsqueda de alimento durante aproximadamente 3 horas cuando experimentan dolor o que, bajo dicho estado, las truchas no demuestran neofobia por objetos nuevos ni respuestas anti-depredador (Sneddon 2003; Sneddon, Braithwaite y Gentle 2003a, b; Reilly et al 2008; Ashley et al 2009). Por otro lado, los peces cebra presentan una reducción sustancial en los niveles de actividad y la distancia de nado resultando en una reducción en la complejidad del movimiento y del uso del espacio (Deakin et al 2019). Otro estudio realizado también en peces cebra demuestra que cuando son expuestos a temperaturas de 40ºC presentan una reducción en sus niveles de actividad, lo que puede ser prevenido mediante la administración de analgésicos. Otro ejemplo lo encontramos en las carpas doradas, las cuales pueden llegar a evitar una zona donde se les proporciona comida durante 3 días si en esta área han recibido una descarga eléctrica (Millsopp et al 2008). Sneddon concluye que los peces presentan costes comportamentales ante estados potencialmente dolorosos. Además, estas respuestas desaparecen bajo efectos analgésicos. Finalmente, la autora afirma que:

“Taken together, this combined evidence suggests a pain experience that dominates attention in fish, and thus it is vital that we seek to minimize and alleviate pain in fish when logistically possible” (Sneddon 2019).

Por otro lado, una revisión bibliográfica publicada en noviembre de 2019 en el Journal of Neuroscience Research recoge resultados recientes obtenidos a partir de tests de estrés, ansiedad, agresividad y preferencia social en el pez cebra y el cangrejo de río (Abreu et al 2019). Esta revisión sistemática concluye que el pez cebra y el cangrejo rojo poseen considerable homología genética y fisiológica con los mamíferos y que, además, presentan respuestas comportamentales y fisiológicas robustas frente al estrés y son sensibles a varios fármacos que modulan el estrés y los comportamientos afectivos. En publicaciones anteriores en nuestro blog ya hablamos sobre el efecto de fármacos y pérdida de rango social en el cangrejo rojo y también del test del sesgo cognitivo en peces.

Otras evidencias empíricas provienen de estudios sobre contaminantes ambientales. Un nuevo estudio publicado en la revista Biology Letters ha caracterizado el efecto de los contaminantes psicoactivos en peces: los antidepresivos modifican el comportamiento social de las gambusias, concretamente, disminuyen la frecuencia de interacciones agresivas durante la búsqueda de alimento (Martin et al 2019). Un estudio anterior realizado por el mismo grupo de investigación, demostró que la contaminación por antidepresivos puede disminuir el estrés ante depredadores, lo que aumenta de manera potencial la vulnerabilidad de los peces (Martin et al 2017).

Son múltiples las aproximaciones experimentales que apuntan en la dirección de la sintiencia en peces. Por tanto, sacar a los peces de nuestros platos y peceras parece un punto de inicio razonable si en nuestra hoja de ruta política contemplamos el reconocimiento de datos empíricos y sus subsiguientes implicaciones éticas.

* La nocicepción consiste en la percepción de un estímulo que causa o que podría causar daño. Si esta percepción conduce a un estado psicológico en el que el individuo experimenta sufrimiento o malestar, entonces se trata de dolor propiamente dicho.

Referencias:

Abreu, M. S. et al. (2019) ‘Emotional behavior in aquatic organisms? Lessons from crayfish and zebrafish’, Journal of Neuroscience Research, 00:1–16.

Ari, C. and D’Agostino, D. P. (2016) ‘Contingency checking and self-directed behaviors in giant manta rays: Do elasmobranchs have self-awareness?’, Journal of Ethology, 34(2), pp. 167–174.

Ashley, P. J. et al. (2009) ‘Effect of noxious stimulation upon antipredator responses and dominance status in rainbow trout’, Animal Behaviour, 77(2), pp. 403–410.

Deakin, A. G. et al. (2019) ‘Welfare Challenges Influence the Complexity of Movement: Fractal Analysis of Behaviour in Zebrafish’, Fishes, 4(1), p. 8.

Gerlach, G. et al. (2008) ‘Kin recognition in zebrafish: A 24-hour window for olfactory imprinting’, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 275(1647), pp. 2165–2170.

Lopez-Luna, J. et al. (2017) ‘Impact of analgesic drugs on the behavioural responses of larval zebrafish to potentially noxious temperatures’, Applied Animal Behaviour Science, 188, pp. 97–105.